¿Como se hace la talla de un diamante?

La talla del diamante: etapas, técnicas y herramientas

La talla del diamante es un trabaja de especialistas: diamantista o lapidario. Antes de cualquier manipulación, éstos examinan el diamante en bruto para determinar cual será su forma ideal.

Exfoliación: Se trata del examen cuidados de la piedra, un cortador experto debe definir los planos de exfoliación  decidir la mejor manera de rajar y cortar el diamante en bruto, el cual se marca con líneas de tinta china para guiar las operaciones que se detallan a continuación.

Crucero: es la fase que permite dividir el diamante en dos partes. Sujeta la piedra en un gato de madera que se monta sobre un torno. El cortador coloca una lámina de exfoliación, un instrumento parecido al cuchillo, sobre una línea, golpea con un golpe seco y un martillo y la piedra se raja. Las herramientas con las que trabajan son simples, pero se necesita mucha habilidad para utilizarlas, porque un golpe mal dado, puede deteriorar la gema. El diamante tiene un sentido en el cual es fácil hendirlo y otro dónde será mucho más complicado.

Aserrado: hoy en día los diamantes son aserrados en lugar de exfoliados. Se utiliza una sierra de disco muy fino en cuyo borde se aplica polvo de diamante con aceite. Existen sierras automáticas y de láser, también se emplea el polariscopio, instrumento indispensable en esta fase. Se puede dividir un diamante conservando las puntas de las piedras.

El debastado: esta fase consiste en redondear el cinturón del diamante antes de que éste sea tallado en facetas. Es el paso previo a la talla. Permite preparar un boceto de la forma en que el diamante debe ser realizado. El operario da forma al filetín y prepara la culata. Se utiliza la máquina de debastar, que es similar a un torno de mecánica de precisión. El diamante a debastar es engastado sobre el portagemas de debastado con ayuda de un cemento, luego el operario frota delicadamente este diamante contra otro que está engastado sobre un mandril. Este último, se denomina scherp, es de menor valor, pero es muy duro. Bajo el frotamiento, las esquinas de la piedra se redondean y se va acercando a la forma cónica doble del brillante.

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La talla en cruz: Consiste en crear las facetas de la piedra. Es una tarea que precisa de mucha experiencia y destreza, En general, un diamante es tallado por diferentes personas: un tallista en cruz que talla las 4 facetas principales de la corona y la culata; un tallista 8/8 y por fin; un brillantista. El diamante a facetar es engastado en unas tenazas «dop» y se acerca a un disco de acero o plato que ha sido previamente untado con polvo de diamante. El disco gira a una velocidad entre 3.000 y 4.000 revoluciones por minuto. Se sostiene la piedra en su dop contra la superficie hasta que se forma una faceta.

El abrillantado final: este trabajo se realiza sobre el mismo plato que el facetado, pero en una zona diferente del mismo. El disco se unta con un abrasivo menos duro y el diamante se frota contra este disco, faceta tras faceta, hasta su completo pulimentado.

Cuanto mejor tallado esté un diamante, mejor refleja la luz, esta es una calidad que influye directamente en el precio de la piedra, cualquier defecto en este trabajo bajará el precio del diamante.

Los centros de talla del diamante

– Amberes en Bélgica.

– Tel Aviv en Israel.

– Gujarat y Bombai en la India.

– Nueva York en los Estados Unidos de América.

La calidad de la talla del diamante

El Certificado de cada diamante determina la calidad de la talla. Existen 3 criterios definidos:

– Cut Grade: refleja la apreciación general de los expertos.

– Symetry: evalúa la simetría, o proporciones del diamante.

– Polish: mide el pulido final del diamante.

La talla del diamante está clasificada según sea su calidad, como sigue:

– Excellent (Mediocre)

– Very Good (Muy buena)

– Good (Buena)

– Fair (Media)

– Poor (Mediocre)

Las formas de la talla del diamante

En el año 1919, Marcel Toltowsky, ingeniero y diamantista belga, definió las proporciones ideales del diamante de talla brillante. Son aquellas que ponen de relieve todo el brillo de la piedra con sus 57 o 58 facetas. Otras tallas, llamadas «fantasía» se pueden diseñar con los diamantes sin perder la calidad, como son la pera, marquesa, esmeralda…formas elegantes y muy inspiradoras para el universo de la joyería.


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